miércoles, 17 de abril de 2019

LOCHAS

LOCHAS                     
         

Entre mis reminiscencias especiales se encuentra una moneda ya inexistente, la Locha ,  muy asociada con mis días escolares porque lo que mi papá me daba diariamente para la merienda era la  Locha. 

Desde que tengo memoria, recuerdo que en 1972, las monedas eran de cuproníquel como:
  • la Puya, con valor de 5 céntimos y 
  • la Locha, con valor de 12 ½ céntimos) o de plata como 
  • el medio,  con valor de 25 céntimos; 
  • el real,  con valor de 50 céntimos, 
  • el bolívar, con valor de 100 céntimos, también había 
  • la peceta con valor de 2 bolívares y 
  • el Fuerte o Cachete, de 5 bolívares). 

Siempre me dio curiosidad el valor tan singular de la locha (12 ½ céntimos) y como mi papá sabía mucho de casi todo lo que le preguntara de niño, me explicaba con mucha naturalidad que era la mitad de un medio (Bs 0,25) y que el medio se llamaba así porque era medio real, de manera que una locha era un cuarto de real y por eso le decían también cuartillo

En mi pregunta siguiente, quería encontrar respuesta a, por qué la referencia era el real y no el bolívar completo, y él pacientemente me relataba que se trataba de una costumbre que venía desde tiempos de la Colonia; pero, para tratar de rescatar la predominancia del bolívar, me explicaba que la Locha se llamaba así porque como valía un octavo de bolívar y, como anteriormente a un octavo le decían ochavo (todavía el diccionario de la RAE incluye esa palabra), a la moneda la llamaban “la ochava” y como al decirlo sonaba “lochava” , para abreviar ese nombre pasaron a llamarla simplemente Locha

Como dije antes, la Locha también se le llamaba cuartillo, pero solamente cuando se juntaba con un real, por ejemplo, era muy común oír decir : “real y cuartillo”, es decir 62 ½ céntimos de bolívar. 

Incidentalmente, recuerdo que en un programa, donde participé como parte del equipo del Colegio, una de las preguntas que pesó para que le ganáramos a nuestros contrincantes fue: “¿Cuántos céntimos son real y medio y cuartillo?, a lo que respondimos de inmediato: “87 ½ céntimos”.

A pesar de su valor tan pequeño,  la Locha  , tenía mucha aplicación y de allí han derivado expresiones que aún se usan. He aquí algunos ejemplos: 

“Pan de a Locha”,  ya que durante mucho tiempo así se le decía a una pieza de pan, de tamaño equivalente a media canilla, también llamado “pan francés”. 

“Me cayó la locha”, expresión que hoy se usa para decir me cayó o llegó el sueldo. 

Para entender su uso original hay que saber que en las fuentes de soda o bares habían unos aparatos llamados Rockolas que tenían un discos de vinil de 45 ½ revoluciones, con las canciones de moda (una por cada lado del disco). Para oír la que uno quería había que meter una Locha y, como aveces no caía bien por la ranura, cuando lo hacía y empezaba a tocar la canción seleccionada se solía exclamar  ¡Me cayó la Locha!

Otro dato curioso era: “La pregunta de las 64 mil Lochas”

A principios de la década de los años 1960 hubo un programa de preguntas donde a cada concursante se le formulaban hasta 5 preguntas, la primera de las cuales premiaba con 4 mil lochas (500 bolívares) si decías la respuesta correcta, y las preguntas sucesivas con 8 mil, 16 mil, 32 mil, hasta la pregunta final, muchísimo más difícil que premiaba con 8 mil bolívares, es decir 64 mil Lochas . Hoy se usa esta expresión para calificar una pregunta con respuesta muy difícil de obtener. 

"En la lucha por la Locha, para comprar la leche”, así decía, en la década de los 1970, al anuncio por parte de los productores, informando que el litro de leche pasaría de costar real y medio, a costar real y medio y cuartillo. 

En aquellos tiempos los precios eran tan bajos y la locha tan útil.

Muy interesante el tema y me agrado esa lectura, por eso la comparto con ustedes porque es parte de nuestra historia.

Autor.
Desconozco el autor. Esto me llego en una cadena de Whastsapp. Una de las cosas mas interesantes que he leído en una cadena. 

Ahora, si deseas saber más de esta moneda, desde el punto de vista histórico y numismático, les recomiendo el articulo:

La Locha por Carlos Alberto Camacho CastellanosExperto en Notafilia y Numismática de VenezuelaCronista en investigador de Historia de Venezuela




sábado, 18 de noviembre de 2017

PRIMERA COOPERATIVA DE CABÍMAS.



La primera cooperativa de la cual tuve conocimiento se fundó por la calle el progreso del casco central de Cabimas en los años 50 60 y 70, siendo su único objetivo la lectura, particularmente del diario Panorama. 
Esa pequeña empresa social y de comunicación estaba conformada por los siguientes señores; Lucio Bellorín, un margariteño iletrado y jubilado dela compañía petrolera, quien además era considerado por sus paisanos como un representante de la isla, ya que se encargaba de recibir en su humilde casa, a cuanto margariteño llegaba solicitando hospedaje y orientación en procura de aspirar a trabajar en la compañía CREOLE, hoy día PDVSA.

Lucio Vellorín fue miembro fundador local del partido acción democrática y padre del doctor Miguel Bellorín quien en un periodo se desempeñó como director del hospital de Cabimas cuando estuvo ubicado en las instalaciones que hoy ocupa la escuela Pedro Oporto, la casa de la cultura y oficinas de la UNERBM.

Este señor tenía el compromiso de comprar el periódico el día lunes y martes. El señor Mário Suárez, un humilde comerciante también iletrado, oriundo de la cañada de Urdaneta, tenía el acuerdo de comprarlo el día miércoles y jueves y el viernes y sabado le tocaba comprarlo al señor Jesús Pérez, mi padre, quien era un maracaibero que sabía leer y escribir muy bien y se desempeñaba como uno de los primeros carpinteros artesanales de Cabimas para ese entonces.

Mi padre tenía el acuerdo de leerles el periódico a viva voz, incluyendo las propagandas, para que la pudiera escuchar el señor Lucio, quien era medio sordo. Los días domingos se agregaban en calidad de invitados, otros analfabeta como Teodoro Boada conocido como el guaripete y Manuél Ruiz un andino que vendía carne en el mercado local y que por tal razón lo llamaban el chivo. Estos agregados se turnaban la compra del periódico ese día. Todas esas personas compartían con los demás la oportunidad de enterarse de todo cuanto ocurría en el país y en el mundo, pues la radio y televisión eran un lujo de pocos. 


El soporte legal de ese convenio era verbal, es decir, de mutuo acuerdo y sin otras cláusulas que no fuera, lo que pudiéramos llamar un pacto de caballeros. El día lunes empezaba esa rutina bien tempano en la mañana y continuaba todos los días meses y años, contando además con la presencia de un nutrido público que se acomodaban en las aceras para escuchar las noticias del entonces radio bemba, antes de empezar la faena diaria.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas

QUIEN FUE MANUEL MÉNDEZ


La mayoría de los colegios tienen bien claro el epónimo del mentor de quien lleva su nombre, pero en el caso de la escuela Manuel Méndez de Cabimas, la cual está ubicada al final de la calle el Rosario haciendo esquina con la avenida Andrés Bello y diagonal a la escuela técnica industrial, poco o nada se había sabido. 

A continuación relataré una breve reseña histórica de ese insigne personaje, cuya escuela lleva ese nombre, pero antes me voy a permitir exponer la procedencia de su breve historia, ya que la fuente informativa fue de mi completa confianza y estimo sin lugar a dudas por la calidad del exponente que fue historia cierta.


En Cabimas vivió por muchos años un conocido sacerdote, que por su condición de hombre público, marcó con particular importancia algunos hechos históricos de esta región. Me refiero al ya desaparecido padre Marcos Petit, quien era oriundo de Cabimas y se desempeñara como sacerdote, hasta el momento, en que por razones que solo a él concernía, renunciara a sus hábitos sacerdotales para dedicarse a las faenas de la ganadería, la cual ejerció hasta el final de su larga vida.


Razones familiares me unían al amigo Marcos, por lo que sabiendo que se trataba de una enciclopedia ambulante me inclinaba a sostener con él largas conversaciones, pues pocas personas he conocido con tan extenso conocimiento y calidad intelectual como el señor Marcos Petit. En ese entonces yo venia de dar clases en la escuela de artes plásticas Pedro Oporto de Cabimas y todo cuanto concernía a la cultura y la historia de Cabimas, fue y será siempre de mi completo interés.

En una época en que el señor Marcos Petit se desempeñó como sacerdote del municipio Santa Rita, entonces capital de Cabimas cuando éramos Distrito Bolívar, le tocó ser testigo de varios hechos, que por estar relacionados con su actividad sacerdotal, lo pudo constatar y registrar en los documentos que esa parroquia llevaba.

El buen amigo Marcos me relató que a finales del siglo 19 y principios del 20, llegaron procedente de Maracaibo, la familia Méndez.


Era obvio que esa familia era de clase media, pues al llegar a la Rita se dedicaron a la ganadería y fue así que fundaron una pequeña hacienda ganadera. Manuel era el hijo mayor del matrimonio Méndez, el cual había estudiado en Maracaibo hasta alcanzar al grado de bachiller. 

Cuando la familia se estableció y dispuso de los braceros que habitaban en el sector para que trabajaran en la hacienda, se percató de lo iletrado de la peonada y en su afán de ayudarlos a superar el analfabetismo improvisó una pequeña escuela al aire libre, resguardándose debajo de un árbol, cuyo extensa copa los protegía del sol.

Esa actividad se extendió a los hijos de sus empleados y otras personas interesadas del sector. En aquellos años no tardó en hacerse famoso, pues la noticia se hizo extensiva y le dio la fama de maestro bondadoso, el cual lo tenía bien merecido, pues contaban, que según, se trataba de una persona de un gran espíritu de colaboración, provisto de una paciencia poco vista. 


Ese es el origen de ese gran e insigne maestro, cuyo nombre lleva la mencionada escuela arriba mencionada. 

Es difícil precisar la fecha de su nacimiento que nos permita celebrar su cumpleaños, mas sin embargo, se debiera ubicar tentativamente una fecha, a fin de celebrar el día o la semana de Manuel Méndez. 
Dedico este escrito al colegio donde estudié la primaria, a su personal docente, administrativo y obrero, a la memoria de muchos de sus maestros que ya partieron de este mundo y en lo particular al señor Marcos Petit, quien me suministrara tan importante información.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas

miércoles, 25 de octubre de 2017

GRAN ESPECTÁCULO EN LOS CIELOS DE CABIMAS EN TEMPORADA DE VIENTO FUERTE


Imagen Nestor Luis Perez Borjas


En los años 50 y 60 era todo un acontecimiento en Cabimas prepararse para la temporada de elevar volantines. En esa época, cuando aún la tecnología estaba muy distante de inventar las computadoras, teléfonos inteligentes y otras novedades, los jóvenes de entonces le dábamos importancia a este y otros eventos, que hoy día prácticamente han desaparecido.

Todos los años esperábamos con ansias los primeros movimientos de vientos fuerte para elevar los volantines, que por lo general se iniciaban en los meses de marzo y abril y al ver los primeros indicios, comenzábamos a buscar afanosamente los materiales para elaborar esos danzantes del aire, los cuales eran llamados también papagayos, petacas, fuga y volantín. Nosotros le decíamos fuga o volantín.

En esos años nos dirigíamos al club italo Cabimas, cuando en sus inicios este estaba ubicado en la calle san José, en un lugar donde hoy funciona una venta de repuestos automotrices, el cual está justamente cruzando a la derecha al finalizar la gran papelería.

Resulta que ese club tenía una cerca elaborada con tubos o varillas de caña de azúcar, y esa madera resultaba ideal, ya que por lo liviana era especial para la elaboración de los volantines. Esa cerca era nuestro proveedor gratuito, ya que cada quien, sin que se dieran cuenta los socios, iba y se apropiaba de una pieza, con la que se podía realizar muchos volantines.

El tamaño y forma era al gusto de cada quien, y para el amarre y estructura general utilizábamos hilaza blanca y para pegar el revestimiento, que por lo general era de papel seda o de fiesta como también le decíamos, ya que con ese material hacían entonces las bambalinas para ambientar los eventos festivos.

Ese papel lo fijábamos con goma escolar sobre las varillas de la estructura del volantín, o una pega llamada pegalotodo y uno alternativo que no tenía costo, ya que utilizabamos las fruta del caujáro que también era excelente. Finalmente, el acabado consistía en salpicar con agua el papel y ponerlo al sol para que se estiraran las arrugas, luego de terminado le poníamos el rabo, para lo cual usábamos tela de ropa vieja y le estábamos luego una cabuya muy fuerte que llamábamos pita para elevarlo.

Cada quien en sus diferentes barriadas procedían a construir sus volantines, para lo cual queda sujeto al recurso e ingenio, tomando en cuenta las limitaciones de cada quien. Al estar listo para ser elevado, los lugares adecuados eran los campos abiertos. Nosotros nos trasladábamos al llamado campito, un extenso terreno de arenas amarillas y que desapareciera para darle paso hoy día a automotriz Cabimas. Aquello era un bello espectáculo de vistosidad, donde el movimiento visto en lo alto del cielo azul, ofrecía un performance de movimiento y lucidos colores, digno de ser apreciado en aquella Cabimas de antaño.

Por esos lados, el experto en construir volantines y elevarlos era un joven de nombre Luis Boada, quien en su vida de adulto se encargó del conocido bar el margariteño. Luis tenía varios volantines, entre ellos uno especial pintado todo de azul que le permitía camuflarse en el cielo azul y que por tal motivo lo habíamos apodado el fantasma, ya que nada más surcaba el cielo, cuando desde otras latitudes, los muchachos de las calles circunvecinas ponían en nuestro espacio aéreo sus respectivos volantines.

El fantasma estaba provisto de 5 turbinas, perdón, quise decir, de 5 tarabas o lengüetas giratorias que lo hacían rugir cuando el viento era fuerte. También tenía un arma secreta instalada al final del rabo, la cual consistía en un taruguito de madera con una hojilla en cruz, que al rozar sobre el hilo que tensaba el volantín invasor lo cortaba y de una vez se venía en picada o se lo llevaba el viento muy lejos.

El asunto no era tan fácil, Luis era un veterano que sabía, que el tamaño o largo del rabo, así como el diseño general, incluyendo doble papel de revestimiento le daba mayor resistencia, seguridad y equilibrio al fantasma. Eso, más la combinación de ciertos movimientos de mano, permitía que el volantín surcara el cielo desafiante, con movimientos versátiles que hacía que se moviera de un lado y otro y se viniera en picada para realizar un ataque y retomar luego el curso normal.

Algunas veces el cielo estaba full de volantines y en lo que lograban identificar al fantasma, cada quien se apresuraba en enrollar el suyo para recogerlo lo más pronto posible, ya que muchas veces veían con lágrimas en los ojos como su bello volantín era atacado y desactivado y dado por perdido en un instante. Era el riesgo que se tomaba entonces, no era por maldad, lo mismo ocurría con los trompos, al ser partido en dos por uno más fuerte, o que te ganaran todas las metras, así era el juego en esa época.

Fueron años inolvidables, donde la emoción se conjugaba con el ingenio, cuyo único objetivo era pasarla bien, en una época donde la actividad deportiva nos mantenía sanos y con una buena dosis de adrenalina. Hoy nada más es historia, es el reflejo de una época de oro que no puedo evitar añorar con profunda nostalgia y que, visto el modernismo de hoy, creo que no se repetirá.

Sirva este relato como un homenaje póstumo dedicado a Luis Boada, compañero de infancia que protagonizó muchas aventuras, hoy día desaparecido.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas

viernes, 4 de agosto de 2017

Las Gárgolas de Cabimas

La gárgola es un ser imaginario representado generalmente en piedra que posee características a menudo grotescas.  Proviene del frances gargouille y este del latin gargarizo, que a su vez deriva del griego hacer gárgaras.

El origen de las gárgolas se remonta a la Edad Media y se relaciona con el auge de los bestiarios y los tormentos del infierno  La función de las gárgolas son1. 1.  Desaguar los tejados 2. Decorar dichos desagüesbuscando por tanto, una finalidad estética. 3. La creencia populares y leyendas sirven para auyentar al demonio y otros espirítus del mal.

Las gárgolas son un elemento gótico que estuvieron y todaavia están enclavado en una arquitectura popular, mezcla del barroco y el neoclásico.  Las gárgolas más famosas y conocidas se encuentran todavia en el Casco Central de Cabimas, Avenida Cumana, en la Avenida Andrés Bello, Ambrosio, en pleno siglo XXI un local comercial tiene gargolas, entre otros lugares.

De hecho, su construcción en las casas donde se comenzaron a incorporar estas formas decorativas, respondió a que los talladores de imágenes querían mostrar al lado de la belleza espíritiual la fealdad moral simbolizada por estos extraños seres.  Principalmente se usaron perros, lobos, rinocerontes y dragones.

La influencia directa la afirmo y la atribuyo a los paises europeos como Francia, Holanda, Inglaterra, Portugal y Italia que trayeron esa decoración a sus coloniaqs en América.



En Cabimas, el uso de las gárgolas eran para que fluyera por sus bocas las aguas de los techos y como adornos. Muy poco se sabe porque en Cabimas se utilizó esta arquitectura popular invalorada, trabajada con meteriales rústicos.

Les presento Las Gárgolas de Cabimas






Edición Digital para la ciudad de Cabimas.

Autor:  Sotero Pino Roque  El Cronista Digital de Cabimas
            Abogado

La Maldición de Rachel

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
LA MALDICIÓN DE RACHEL.
Esta historia que relatare a continuación aconteció en la calle el progreso del casco central de Cabimas a mediados de los años 60. En esa época el servicio eléctrico en la región era prestado por la entonces compañía anónima de administración y fomento eléctrico (CADAFE) la cual era implacable con aquellos subscritores que no tuvieran al día con el servicio. 

A pesar de que en esos años en el país había una pujante actividad comercial impulsada por el auge de la industria petrolera, no todas las personas que trabajaban gozaban de solvencia económica que les permitiera vivir desahogadamente. Muchos padres de familia eran obreros que devengaban un sueldo mínimo, que para pocas personas podía alcanzar, pero que, en aquellos casos, donde la familia era numerosa, era difícil, ya que, no solo era los gastos de alimentación, sino que había que estar al día con los demás servicios, el cual incluía el agua por tubería, ya que en esos años estaban activos los medidores del vital líquido que tiempo después dejaron de funcionar.
Eran años donde salir adelante no era fácil y los adultos mayores que tenían bajo su responsabilidad una familia, debían arreglárselas para solventar las dificultades económicas. No había nada más desagradable que de pronto apareciera una camioneta con una cuadrilla de obreros del INOS (instituto nacional de obras sanitarias) y se llevara el medidor y dejara sin ese servicio a una familia, o que apareciera una camioneta de CADAFE y de igual forma cortaran el suministro eléctrico. Sin embargo, el ingenio y creatividad de las personas para ponerle solución al asunto se ponían en funcionamiento. Más de uno le instalaba a la poceta donde estaba el medidor de agua un niple que consistía en un tubo pequeño que remplazara al medidor confiscado para que hiciera la misma función. También en el caso eléctrico se solventaba colocando unos ganchos a la línea eléctrica y se conectaba de forma fraudulenta. 

Mucha gente humilde tenía la pesada carga de cancelar los servicios públicos y encima pagar también alguna póliza funeraria, la cual para ese entonces se cancelaba la módica suma de un bolívar semanal, o esconderse y negarse al también perfumero que dejaba el producto para ser pagado en cómodas cuotas, de igual forma con el turquito que vendía el corte barato y lo dejaba a crédito, o comprarle la leche a Morroco y hasta una lata de agua potable a Marcelino el agüero.


Fue así como las mujeres siempre ingeniosas se abrieron a los negocios para ayudar a solventar al marido los gastos de la familia y para ello vendían empanadas, pastelitos, arepas peladas y blancas, bollitos pelones, dulce de todo tipo, hielo, hayacas, sopa de mondongo, dupletas, rifas, loterías de animalitos, sanes de hamacas, lavado y planchado de ropa etc.

Una tarde se presentó en la casa de habitación de la señora Rachel, una camioneta de la compañía eléctrica CADAFE y un elemento mal encarado le participó que le iba a suspender el servicio y la humilde señora, de forma cortes, en un tono de ruego, le pidió que por favor reconsideraran esa medida, que ella le prometía que al siguiente día bien temprano iría hasta las oficinas a cancelar la deuda. Aquel hombre mal educado le dio la espada y se dirigió a la camioneta y bajó la escalera y la colocó al poste, al tiempo en que sacaba los instrumentos que se enganchaba con una faja de seguridad, provista de alicate y otros utensilios. 

Mientras se colocaba aquella odiada indumentaria de trabajo, la señora Rachel usaba otros apelativos de ruego para que no le cortaran la corriente, pero aquel hombre de aspecto arrogante la ignoraba. Cuando el hombre se encontraba ya encaramado a mitad del poste, la señora Raquel, viendo que sus ruegos no eran tomados en cuenta, opto por abandonar su actitud apacible y entró en cólera. 

Ya los curiosos y vecinos se habían amontonados para ver aquel triste espectáculo y fue entonces cuando la señora en cuestión le grito a viva voz y dijo-- PERMITA DIOS QUE ESE POSTE SE ROMPA Y TE CAIGAS DE ALLI, MUERGANO. En ese momento, como si aquellas apocalípticas palabras estuvieran provistas de un desconocido poder, el poste crujió y se dobló, generando un chispero como producto de las líneas rosando en el techo de esa casa, que hizo que el hombre perdiera el equilibrio y callera desde lo alto al pavimento. Aquel elemento estaba de color amarillo por el susto y cuando medio cogía aliento, un curioso se le acercó y le dijo-- Tuviste suerte, nadie sobrevive a una maldición de Rachel y vive para contarlo. Con la velocidad del rayo, aquel hombre se montó en la camioneta y emprendió velos huida. 



Al otro día, cuando la compañía remplazó el tubo, ya Rachel había cancelado el servicio, pero el hecho curioso fue, que la cuadrilla de hombres que trabajaron allí, se portaron sumamente amables con la agraviada señora.
MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
NESTOR LUIS PEREZ BORJAS

viernes, 14 de abril de 2017

EL BURRO QUE HABLÓ EN SEMANA SANTA.

En una oportunidad le ocurrió algo insólito a Marcelino el agüero, un personaje popular de Cabimas que solía vender agua potable en una carreta tirada por un burro, la cual repartía a domicilio en los distintos sectores de Cabimas.

Este personaje en los años 60 y 70, se hizo célebre al ser mencionado en la gaita Punta Icotea del conocido gaitero y compositor Abdenago "Neguito" Borjas. 

En aquellos días, la tradición y costumbre que más se guardaba, en tiempos de cuaresma, era la de la semana santa.

En ese entonces la comunidad creyente de la religión católica, guardaban cierta compostura espiritual que estaba relacionada con el luto de la muerte y resurrección de Cristo. La fe y tradición de entonces se extendía hacia las emisoras de radio que solamente transmitían música sacra o de viento. Algunas mujeres se vestían de luto y mantenían una actitud de silencio y abstinencia sexual por considerar tal osadía como un gran pecado y para demostrarle a Jesús Cristo, solidaridad con su padecer.

En esos días las personas no trabajaban, salvo los negocios de comida y el comercio que vendía trajes de baños y otros enceres para los bañistas que preferían marcharse hacia la playa. 

La ciudad entera asistía masivamente a la procesión del santo sepulcro que salía de la catedral de Cabimas y en su largo recorrido por la ciudad llegaba hasta a la plaza el León De Ambrosio con una letanía compuesta por las 7 palabras, a cargo del fallecido padre Sandoval, para lo cual utilizaba un megáfono.

El día más crucial y de mayor importancia y respeto era el jueves santo, pues las personas estaban convencidas de que la faena laboral y otras actividades, significaba un gran irrespeto a la pasión de Jesús, por eso preferían quedarse en sus casas para rendirle culto y veneración, mientras escuchaban la pasión de Jesús por la radio. 

Aquel jueves santo, Marcelino el agüero, pasó por una de las muchas calles aledañas al casco central de Cabimas y quienes lo vieron se persignaron al verlo irrespetar con su actitud aquel día sagrado. Muchas personas de entonces eran inclinadas a la superstición y manifestaban su opinión sobre el castigo que le aguardaba a los que osaran no guardar esos días santos. 

Marcelino estacionó su carreta donde transportaba el agua frente a un terreno abandonado que nosotros llamábamos las bases, donde la CREOLE (Transnacional petrolera) había realizado años atrás extracción de petróleo. El momento era preciso para que el animal descansara. 

Un sujeto que se encontraba en ese terreno, se le ocurrió darle un escarmiento, y sin que Marcelino lo viera, se fue por la parte de atrás de la carreta y se acostó en el pavimento y se ubicó debajo del agotado animal. Estando allí, aguardó el momento preciso, ya que Marcelino apuraba un trago de agua, al tiempo que secaba su rostro con un pequeño pañito. Cuando el elemento lo creyó conveniente fingió la voz y goleándola o poniéndola bastante grave, hizo parecer como que se trataba del burro y dijo; - MARCELINO HEREJE, DIOS TE VA A CASTIGAR POR PONERME A TRABAJAR HOY JUEVES SANTO.

Cuando Marcelino escuchó aquella voz se sorprendió y enseguida comenzó a mirar hacia todas partes, y al no ver a nadie se bajó con la velocidad del rayo de la carreta y emprendió velos huida como alma que lleva el diablo. Contaron quienes lo vieron, que fue a dar por las inmediaciones de la escuela técnica y que cuando por fin paró de correr, dijo todo consternado y con profunda vehemencia que el burro le había hablado.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
EL BURRO QUE HABLÓ EN SEMANA SANTA.


martes, 14 de marzo de 2017

LLEGO TIA JUANA.

Muchachos corramos que llegó tía Juana. Así recibían los peones y la muchachada a su patrona Doña Juana Villamil de Romero, cuando llegaba cargada de comestibles e insumos para las actividades laborables de su hato, identificado con el nombre de tía Juana.

Ese hato abarcaba un extenso terreno en lo que es hoy los ríos Ulé y Tamare la urbanización el prado y urbanización Venezuela. Tras la muerte de Aniceto Quero uno de sus descendientes el hato fue tomado por la fuerza y expropiado en el año de 1923 a favor de la empresa Royal Dutch Shell.

En esa época el traslado para ese lugar era por trillas muy peligrosas, llenas de piedra, maleza y caminos culebreros, sin embargo, no se descarta de que de vez en cuando lo hiciera por vía lacustre.

Sobre esta noble y abnegada mujer hay mucho que decir, sobre todo de su bondad y espíritu caritativo, que la mantenía en constante actividad de cooperación con los habitantes de la Cabimas en los años de 1825. Ese espíritu de incomible solidaridad, hizo que las personas la llamaran cariñosamente tía Juana.

Años después con la llegada de las empresas transnacionales esos terrenos que ya habían sido expropiados lo identificaron con su nombre y de allí se deriva el origen del sector tia Juana.

Juana nació en Maracáibo a comienzos del siglo XIX, probablemente de padre blanco y madre morena, por lo que deducimos que Juana era de color trigueño, rasgos estos muy comunes en la comunidad mantuana de entonces.

He de hacer notar el hecho, de que son muchas personas las que piensan equivocadamente que el color trigueño es un moreno oscuro y no es así. Cuando los españoles llegaban a la provincia de Venezuela, entonces territorio español y veían a una mujer de tez blanco amarillón la llamaron trigueña, pues se inspiraron en el color de la espiga del trigo que es dorada y es de allí de donde viene la palabra trigueña.

Hagamos un poco de historia. Lorenzo Romero al igual que su padre eran españoles nacidos en esta tierra, cuando entonces éramos provincia de España y por tanto adquirían la nacionalidad del imperio colonizador.

Lorenzo y otros realistas que habían sido convocados a pelear en el campo de Carabobo en el año de 1821, cuya batalla perdieron, fueron reunidos de nuevo por el "mocho" Morales para librar la última confrontación, como lo fue la batalla naval del lago en 1823, donde de nuevo son derrotados.

Por cierto, que por ser Maracaibo el último bastión de la corona española en ser conquistado por las fuerzas patriotas, es que aquí se habla utilizando en vos, en vez de tu.

Lorenzo Romero y otros españoles fueron beneficiados por un decreto de admitía por el gobierno constituido de Venezuela, pero que no les permitían la tenencia de las tierras, a menos que fueran casados con venezolanas criollas. Lorenzo había heredado unas tierras de su padre, también de nombre Lorenzo Romero y fue entonces que conoció a la joven Juana Villamil, con la cual contrajo matrimonio en el año 1823 y se trasladaron a Cabimas, donde fundaron un hato con el nombre de la nobleza.

La señora Juana se convirtió en una mujer de empuje y firmes decisiones, por lo que también se le llamó aquí la cacique. (Quien sabe si de allí se inspiró Romulo Gallegos para escribir su novela doña bárbara).

Su liderazgo se hizo notar entre los pobladores de la entonces apacigua Cabimas, un lugar de pocos habitantes, cuyas tierras vírgenes aguardaban a ser violadas por las transnacionales que vinieron después por el codiciado oro negro, lo cual marcó un antes y un después en este noble pueblo. Juana tuvo varios hijos y nietos, a los cuales les enseño a leer y escribir en su casa de habitación ubicada en la calle el rosario del casco central, extendiendo esa noble tarea a otras personas que así se lo solicitaron.

Esta Valerosa mujer, le concedió suma importancia al sano esparcimiento y donó los terrenos para la construcción de lo que es hoy la plaza Bolívar e igualmente donó los terrenos para la construcción de lo que es hoy la catedral nuestra señora del Rosario en el año 1829. Se dice qeu sus restos estan bajo la misma.

A uno de sus nietos de nombre Aniceto Romero es a quien se le acredita la herencia de sus tierras. Aniceto falleció en el año de 1912, y es muy probable que haya tenido parentesco con Arturo Romero, conocido después con el apodo de palito Romero, de quien ya entregué una historia.

MEMORIAS DEL PASADO.
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Perez Borjas


martes, 7 de febrero de 2017

PALAFITO DEL SECTOR LAS TIERRITAS .


Fue construido hace cien años aproximadamente.

Mide 12 m de largo, 8 m de ancho y 3 m de alto. Posee sala, corredor, dos cuartos, un porche y un baño. 

La estructura de las paredes es de madera y lata galvanizada, techo de láminas de metal, piso de concreto y madera. La fachada tiene forma de quinta, además de un muelle pequeño que también sirve de acceso. 

Se encuentra ubicado dentro del lago, entrando por el antiguo Banco Maracaibo. Esta obra fue realizada por las empresas norteamericanas Mene Grande y Shell, para ser ocupada por los jefes de dichas empresas en el año 1914. Es uno de los pocos palafitos existentes en Cabimas.

Armando Clark
La Cabimas en el Tiempo.

sábado, 21 de enero de 2017

La Vereda

Ubicado en la avenida principal de Cabimas, entre callejón El Chispero I y II se fundó en la década 1930 aproximadamente. Se dice que es uno de los sectores más antiguos de Cabimas. 

Estas casas en un inicio fueron fabricadas en madera, con el tiempo se deterioraron, y por tal motivo sus dueños comenzaron a remodelarlas cambiando la estructura original. 

Este sector se caracteriza por tener una cruz de madera grande, la cual veneraban sus pobladores todos los 3 de mayo; la llamaban cruz verde porque siempre estuvo pintada de ese color. La cruz permaneció en el lugar hasta hace poco tiempo, ya que personas ajenas a la comunidad la arrancaron y destrozaron. 

Para los lugareños este es un sitio histórico, ya que existe desde antes de la construcción de las instalaciones de la empresa petrolera. Se dice que el barrio fue fundado por la familia Leal.  

Instituto de Patrimonio Cultural (IPC)

El Centro Histórico de Cabimas

Se fundó el 24 de octubre de 1989 por los señores Humberto Ochoa, Pedro Estrada e Israel Vicuña. La institución tiene como principal objetivo investigar y divulgar la historia local. En 1991 organizó el 1er Congreso sobre la historia de Cabimas; y entre los años 1992 y 1993 el 1er y 2do Encuentro de Cronistas de la Costa Oriental del Lago.

Es importante señalar que este organismo ha publicado varios libros sobre la historia local y regional, entre ellos Resumen del Primer Congreso, Estampas de Cabimas y Memorias de un cabimero. Para 1998 la Academia de Historia del estado Zulia lo acreditó como Centro Histórico único en todo la región. En el año 1999 logra conseguir un documento en el Archivo General de la Nación donde se señala la fecha exacta de la fundación de Cabimas. Igualmente ha participado en diversos congresos y seminarios de historia.

La comunidad valora el trabajo de la Junta Directiva del Centro Histórico de Cabimas, por cuanto es la única institución que brinda información completa y fidedigna sobre la historia local.


Instituto Patrimonio Cultural (IPC)

Historia del Sector Ambrosio

Se dice que el nombre de este sector se debe a que por allí pasó el conquistador alemán Ambrosio Alfinger, cuando sólo existían aldeas indígenas ribereñas y lacustres; y que posteriormente fueron pobladas por el mestizaje.

A comienzos del siglo XX estaba conformada por seis calles muy largas, trazadas desde el final de la calle El Rosario hasta el espacio ocupado hoy por el Hospital de Cabimas. Está ocupado por familias con oficios y ocupaciones bien definidos: pescadores, conuqueros, criadores tradicionales de ganado vacuno, caprino y porcino. Después se produjo la unión de esas familias con margariteños, andinos y falconianos. Igualmente esto ocurrió en la Costa Oriental del Lago, ya que llegaron atraídos por la actividad petrolera.

El Ambrosio original fue construido por los Freites, González, Bermúdez, Matos, Ochoa, Piña, Antunez, Fernández, Perozo Suárez, entre otros.

Instituto Patrimonio Cultural (IPC)


domingo, 15 de enero de 2017

El Banquito de la esquina


Esta imagen la tome del grupo "Cabimas de ayer en fotos" de facebook, y me hizo recordar que en mi adolescencia en la década de 1970, los jóvenes vecinos de la calle 11 de la urbanización Las 40, donde yo vivía, solíamos reunirnos en la esquina de la calle a conversar, jugar, etc.

Tal cual como esta en la imagen, nos sentábamos a planificar el juego de béisbol con pelota de medias, del siguiente sábado, o que tocaba jugar "fusilado" o "escondido" en casa de algunos de los vecinos, o la competencia de metras.

Los muchachos eran Albery Jimenez y su hermano Ashley, Ender y su hermano Franklin Rojas, Esbelio "Kike" Sandrea, Andrés Salazar, Willy Hernández, Gustavo Vicuña y sus hermanos, Mervin Oviedo, "Beto" y "Fando",  mi persona y varios más.

El liceo Hermágoras Chavez, tenia varias banquetas de cemento, que utilizaban sus alumnos. Una de ellas estaba floja y no bien instalada.

Una mañana, cuando mi papa me llevaba a clases al colegio, pasamos por la esquina y vemos la banqueta "Sembrada" allí con cemento.

De allí nació la "Esquina del Banquito", conocida solo por los muchachos que solíamos en las noches ir a sentarnos allí, a soñar con nuestras prioridades de adolescentes. A veces pasaba "Papabuelo", el abuelo de los Jimenez y se sentaba allí con nosotros, con su cuatro, y cantaba algunas canciones o nos contaba cuentos (Varios de estos cuentos están en este blog bajo la etiqueta "Cuentos").

El banquito estuvo varios años en esa esquina, desentonando totalmente con el urbanismo planificado. Cualquiera que pasaba y veía ese banco en esa esquina le buscaría el sentido y pensaría en el loco Arquitecto que tenia en su diseño un banco en una esquina.

Un día llego la alcaldía a reasfaltar las calles, y rehacer aceras y brocales, y al finalizar los trabajos el banquito ya no estaba.

Se fue el compañero de nuestras reuniones nocturnas y símbolo de nuestra adolescencia.

Rafael Rangel

INDIGENTES BORRACHITOS Y PERSONAJES POPULARES.

Las ciudades se hacen celebres por su historia, por sus monumentos, por sus iconos, o por aquellos personajes que dejaron una huella imperecedera en la memoria historia, los cuales pudieran ser hombres o mujeres notables, pero también personas comunes, entre ellos aquellos que deambulaban por la ciudad y que se hicieron celebres por su particular forma de vestir y por su particular forma de ser.

En Cabimas se ha hablado de hombres celebres de connotados méritos, pero no hay que olvidar aquellos personajes populares, que a pesar de no haber llevado una vida ejemplar marcaron una referencia, que sin duda identificó a la ciudad y que formaron parte de la memoria histórica de Cabimas.

En las adyacencias del pasaje Sorocaima, antiguo centro comercial ubicado en lo que es hoy la plaza Bolívar, y mercado popular enmarcado en el mismo lugar, allá por los años 60 y 70, se daban cita a diario una cantidad de personajes, que con su particular actitud formaron parte del acervo cultural y folclórico de la región.

De esos años se recuerda al célebre Pingüino, un pequeño hombrecito que le dieron ese nombre debido su forma inclinada de caminar y por su manera de vestir al usar un flux grande que le llegaba hasta las rodillas. Por lo general se la mantenía en los velorios y vendía billetes de lotería vencidos y cuando lograba realizar una venta decía “el que cayó cayó”.

Había otro personaje al que llamaban "Culebra boba". Este pobre hombre padecía el mal del sambito y a veces se le aceleraba tanto que se desbocaba y empezaba a correr sin control llevándose todo a su paso, hasta que finalmente se estrellaba contra lo que fuera y de esa forma era que se detenía.

Otro personaje lo llamaban "todavía", pero que en realidad se llamaba Tobías, pero al mencionarlo como todavía se enfurecía. Por esa tontería se ponía bravo y comenzaba a pelear y a insultar con palabras soeces. La gente se las ingeniaba para hablar cualquier cosa que mencionara la palabra todavía con el objeto de molestarlo.

Había dos mujeres que solían emborracharse, a una la llamaban "la ampolleta" y a la otra "la escopeta". "La ampolleta" se ponía a llorar y corría al ser amenazada con una inyectadora. Ésta pobre mujer parió varios niños de diferentes borrachitos que la tomaban aprovechando su embriaguez, debido a que a esa inyectadora sin aguja no le tenía miedo pues disfrutaba mucho según contaban.

"La escopeta" era una mujer muy alta y delgada por eso le dieron ese nombre, siempre andaba borracha.

Otra mujer bastante conocida fue la que llamaban "La puyona", una meretriz exprés que frecuentaba los lugares abandonados, a la que solían hacerle cola por lo barato de la tarifa.

El llamado "Satanás" fue un siniestro personaje que fue declarado enemigo público número uno por sus muchos delitos. Solía vestirse de mujer y era experto en arrebatones.

Se conoció también a una viejita de baja estatura a la que llamaban Anita "la manicera", ésta señora se maquillaba de forma exagerada y vendía maní en el cine internacional.

Estaba otra mujer también muy pequeñita llamada la"medio metro", a ésta pobres señora le daban ataque de epilepsia y la gente se aglomeraba sin saber que le sucedía.

Otra ancianita que solía vestir de negro llamada Barbarita proveniente del barrio Tierra Negra solía recorrer el comercio y cuando un chistoso le daba algún dinero para molestar un turco, esta lo tomaba de sorpresa por detrás y abrazándolo le hacía un movimiento similar al baile del perreo. Eso era un gran espectáculo callejero.

Había un borrachito indigente llamado "cuatrocientos", le daban ese apodo debido al peso del bulto de mercancía que lograba cargar sobre sus hombros para el comercio, el cual según el pesaba 400 kilos.

"El negro Camejo", otro borracho, también se dedicaba e asa faena y en tiempos de San Benito, al igual que "400" tocaban el requinto, tambor principal de los chimbangueles. Ambos murieron ahogados en el lago.

También hay que recordar a Ali, el llamado camarada, el cual solía barrer dos calles del casco central. El pobre hombre no era normal y tiempo después fue encontrado ahorcado en un árbol del parque Bolívar.

Otro pequeño hombrecito al que llamaban mondongo estaba entre los más populares, sin dejar de mencionar al loco Julio y el llamado bolivita.

Uno de tantos borrachos, no recuerdo su nombre, se encontraba caminando por el lodazal que se formaba cuando llovía por las calles de mercado viejo y más o menos diagonal a puesto de chicha de Vicuña resbaló y cayó sentado. El hombre se puso de pie y enseguida se tocó el bolsillo de la parte trasera donde llevaba una botellita de cocuy y sintiendo que un líquido le recorría la pierna dijo “Dios mío que sea sangre” Otros personajes hicieron vida en los diferentes sectores de Cabimas y el lector que los recuerde bien podrá exponerlo.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas