domingo, 31 de enero de 2016

El primer botiquin de Cabimas

Para 1927 bajo el patrocinio del presidente del Estado Zulia General Santos Matute Gómez, se inauguró el primer botiquín en La Rosa, fundandolo Eduardo Ramírez López Méndez con el nombre de "El Casino de la Rosa".

En la segunda calle de la Rosa estaba este botiquín, con mujeres de la vida alegre que tenian apodos como: "La Japonesita", "La Piquito", "Carmen La Cayuco", "Carmen La Muerte", "La Siete Cilindros", "La Pañuelito", "La Nena", "La Rompeguaya", "Clementina", "La Bristol Controlled", "La Cabezona", "Doris La Francesa", "La Forcito", "La Nutria", "La Columna", "La Tigrita", "La Escopeta", "La Remolacha", "Tarcila" y otras.

Después vinieron "La Hacienda", "Cabaret Majestic", "El Globo", "El último tiro".

Los sabados por la tarde llegaba un vaporcito fletado especialmente por las prostitutas y el muelle se ponia full de hombres que querian ver el lote de "carne fresca". El lunes por la mañana se regresaban a Maracaibo full de reales.

Fuente:
Jesus Prieto Soto

domingo, 3 de enero de 2016

LO ANDAN BUSCANDO COMO A PALITO ROMERO

Al investigar el origen de este refrán tan mencionado en el pasado, me puse a indagar sobre el mismo con algunas personas mayores nacidas en ésta ciudad y coincidieron en que el mismo tuvo su origen en esta tierra de gracia, donde el petróleo marcó un antes y un después, al cambiar en gran parte los hábitos y costumbres de las personas de este noble pueblo.

Esta historia, probamente tuvo sus comienzos entre los años de 1920 y 1935, cuando las explotaciones petroleras a cargo de las transnacionales, hizo que el gobierno de entonces realizara algunas expoliaciones de terrenos a quienes lo habían heredado de sus familiares. Muchos de esos poderosos terratenientes de la época, se hacían respetar ostentando una suerte de título de don, o de un supuesto generalato que ellos mismos se habían inventado, para lo cual con el objeto de amedrentar se presentaban con un revolver al cinto. 

En esos años vivía en la ciudad de Cabimas, un personaje de nombre Arturo Romero, de quien se decía había heredado varios hatos que venia en cadena de sucesión de su familia, entre ellos, el último heredero, nieto de la unión de Lorenzo Romero y Juana Villamil de Romero, de nombre Aniceto Romero, quien falleciera en 1912. Si bien Arturito no era dueño de tierra, o pariente directo de Aniceto, por lo menos defendía el patrimonio de la familia. 

El caso fue que Arturo Romero se encontraba en litigio de lo que él consideraba su propiedad, pues el gobierno de Juan Vicente Gómez ocupó esos hatos a favor de la compañía Royal Dutch Shell, las cuales Arturo trató de recuperar por la fuerza varias veces, razón por lo cual le había tomado tirria a los extranjeros que lo habían venido a cambiar todo en este apaciguó pueblo, ya que por culpa de ellos se mantenía huyendo del jefe civil de nombre Antonio Aranguren y sus hombres armados de fusil.


En esos años vivía en la ciudad de Cabimas, un personaje de nombre Arturo Romero, de quiense decía había heredado varios hatos que venia en cadena de sucesión de su familia, entre ellos, el último heredero, nieto de la unión de Lorenzo Romero y Juana Villamil de Romero, de nombre Aniceto Romero, quien falleciera en 1912. Si bien Arturito no era dueño de tierra, o pariente directo de Aniceto, por lo menos defendía el patrimonio de la familia. 

El caso fue que Arturo Romero se encontraba en litigio de lo que él consideraba su propiedad, pues el gobierno de Juan Vicente Gómez ocupó esos hatos a favor de la compañía Royal Dutch Shell, las cuales Arturo trató de recuperar por la fuerza varias veces, razón por lo cual le había tomado tirria a los extranjeros que lo habían venido a cambiar todo en este apaciguó pueblo, ya que por culpa de ellos se mantenía huyendo del jefe civil de nombre Antonio Aranguren y sus hombres armados de fusil.

Se decía que Arturo Romero era un hombre de baja estatura y muy delgado, por lo que las personas lo llamaban PALITO ROMERO, de quien además se decía que era un gran tirador, pues se había ganado esa fama por haber liquidado a varios adversarios en duelo a muerte, en una época, donde el honor se defendía en duelo de palo de vera, de machete y con arma de fuego.

Aconteció que en una oportunidad se encontraba un gringo tomando licor en compañía de dos meretrices en un bar en las cercanías de la montañita, una barriada ubicada a poca distancia de la salina, centro de trabajo de la compañía petrolera. El americano se encontraba de mal humor por haber perdido el barco que lo llevaría a su tierra. Cuentan los testigos, que el iracundo hombre dirigió su mirada hacia un lugar del bar, donde por costumbre, honor y respeto se encontraba la bandera nacional y un retrato del libertador Simon Bolívar, y el extranjero profirió unas palabras soeces con un verbo irrespetuoso y ofensivo, hablando mal de nuestro gentilicio patriótico y libertario.

En ese momento venia entrando al bar Arturito Romero y al escuchar aquellas palabras, increpó al gringo para que se retractara de lo dicho. Todos observaban con asombro y admiración aquel valiente hombre, que con un gran espíritu bolivariano defendía la memoria histórica, patrimonio de todos los venezolanos.

El, mesonero que atendía el bar, se acercó al musiú, como se le decía a los gringos en aquel entonces y lo previno diciéndole que aquel pequeño hombre era de cuidado. No dejaba de asombrar a los presente la desigualdad de cuerpos, ya que el gringo era demasiado alto y Arturito era de baja estatura y muy delgado.

Al gringo no le agradó que aquel hombrecito le reclamara por lo que él había dicho, y de una vez se levantó y le dio un fuerte empujón, al tiempo en que le decía “Bus chea gad den sana vavich” Arturito rodó por el suelo, pero inmediatamente desenfundó su revolver y le disparó al sujeto, logrando impactarlo en el pecho.

El hombre cayó mortalmente herido, mientras que Arturito se incorporaba y visiblemente disgustado se dirigió a los presentes y les dijo a viva vos “si este hombre muere, también matare a quien le dé sepultura en este país” El americano murió después en el centro asistencial para el cual trabajaba.

Desde entonces Arturito se dio a la fuga, siendo buscado afanosamente por la policía local. Aquella noticia fue inmediatamente difundida por los medios del país y la gente decía “ANDAN BUSCANDO A PALITO ROMERO”.

La frase se hizo celebre y las personas se acostumbraron al referirse a quien anduviera huyendo, diciendo “lo andan buscando como a palito romero” Decir que se refería al romero (espiga de una mata que se usa como condimento) no seria relevante, ya que el romero jamás ha estado difícil de conseguir.

La historia la hace el pueblo con sus rumores, si ésta historia que ha sido recreada por mí como escritor, coincide con otra es pura coincidencia. Debo agregar además, que se rumoró después, cosa no confirmada, que finalmente la policía dio con el paradero de palito Romero, el cual se encontraba escondido en la casa de cedillo, un hombre que en aquel entonces practicaba la brujería por los lados de R 10. Se dijo entonces que supuestamente fue impactado de varios disparos y dejado por muerto, pero que fue curado y logró sobrevivir. Es de hacer notar, que no se sabe si esto ocurrió en esos años, o tiempo después, lo cierto es que Cedillo el viejo ya existía.
Foto de Nestor Luis Perez Borjas.


MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas

Hay otra nota sobre Palito Romero contada en este blog por la profesora Josefa López de Urdaneta, quien nación en La Rosa en 1927.

http://cronicasdecabimas.blogspot.com/2008/03/te-andan-buscando-camar.html

miércoles, 18 de noviembre de 2015

PENSE QUE SE ESTABA ACABANDO EL MUNDO.

Uno de los peores sustos que me he llevado en mi vida, sucedió en Cabimas en las adyacencias del casco central en los años 60

En una oportunidad en que los jóvenes menores nos encontrábamos preparándonos para asistir a la escuela Manuel Méndez que aún se encuentra ubicada al final de la calle El Rosario, se escucharon unas explosiones que sacudieron y rompieron algunos vidrios de las casas y que igualmente ocasionaron destrucción de las ventanas del hospital general de Cabimas Dr. Adolfo D´Empaire cuando éste funcionaba en lo que es hoy el rectorado de la UNERMB, la casa de la cultura y la escuela de artes plásticas Pedro Oporto.

En verdad aquel día, como a las 12 y 20 minutos, yo no me sentía muy animado para ir al colegio y lo primero que deseé cuando me estaba vistiendo fue que cayera un palo de agua, para no tener que ir.
Pero justamente cuando mis pensamientos estaban en la negativa de no querer ir, fue cuando se escuchó la gran explosión.

 Lo primero que hice fue salir al frente y pude ver a la gente atribulada que corría de un lado para otro con cara de tragedia y manifestando con llanto y desesperación que estaba ocurriendo una desgracia. En medio de toda aquella confusión le escuche decir a un vecino que tenia que ir urgentemente al colegio por su hijo. 

Dentro de mi inocencia, e ingenuidad pensé que mis pensamientos con respecto al colegio se habían cumplido, y por eso estaba sucediendo todo aquello. No pude evitar sentirme culpable, sabiendo que era castigo de Dios por mi negativa con respecto al colegio.

En ese entonces la ingenuidad se mezclaba con el temor a Dios pues a uno le habían vendido la imagen de que Dios era un ser castigador e implacable con aquellas personas que pecaban con sus pensamientos.

Aquello fue algo horrible, en un instante el cielo se empezó a oscurecer como producto del espeso y extenso humo negro que cubrió todo aquel medio día soleado, haciendo que las calles aledañas al sitio de la explosión se pusieran completamente a oscuras en cuestiones de minutos. 

Al poco rato le escuche decir a mi papa, que justamente en el momento en que algunos niños venían del colegio y pasaban justamente frente a una zanja que está ubicada en la esquina donde hoy está el centro comercial Longimar, donde funciona una oficina del Regional del Zulia, había ocurrido una explosión que se extendió a lo largo de la calle que pasa por el frente de la gran papelería y fue levantando las tapas de cemento que cubrían la zanja, pasando por el hoy centro comercial marfil, hasta llegar a la playa aledaña al centro comercial la fuente. 

Aquella explosión se había originado por una fuga de petróleo y gases acumulados y probablemente la colilla de un cigarrillo fue el detonante que entonces dejó un saldo de varios estudiantes heridos con quemaduras de consideración sin ningún saldo de muertos.

lunes, 9 de noviembre de 2015

LOS DESPECHADOS



En los años 50, 60 y 70 los despechados constituían el principal incentivo que inspiraba a las compañías disqueras a mantener en las emisoras de radio a los mejores intérpretes de canciones románticas para los corazones rotos. 

En esos años de profunda inspiración, había para todos los gustos, los amantes del tango se conocían todo el repertorio de Carlos Gardel y otros expositores del mismo género. 

Los que gustaban de la guitarra, tenían en Julio Jaramillo, a Olimpo Cárdenas y otros virtuosos de la cuerda las mejores canciones que abordaban la historia de amor y desengaño que cada quien sufría. Bienvenido Granda, Miltiño, Alsi Sánchez, y muchos otros cantantes de ese estilo romántico también eran solicitados por los despechados. 

Así mismo el bolerista de América, Daniel Santos. Las rancheras eran uno de los géneros con mas demanda, no se podrá olvidar a Javier Solís, a Pedro infante, a Tony Aguilar, a Miguel Acedes Mejias y otros charros que ponía a llorar al mas guapo. Fueron muchos los expositores de la época, que incluso inspiró las más bellas serenatas. 

Hubieron hombres que no pusieron reparo alguno y sin ningún prejuicio se enamoraron perdidamente de una meretriz, incluso algunas de ellas salieron de esos antros para formalizar un hogar, con lo cual dejaron en el pasado aquella vida mundana.

Las damas también se despechaban, solo que de una forma más discreta. En esos años se podían escuchar con frecuencia las canciones de Lila Morillo, de Carmen Delia De pini, Blanca Iris Villafañe, de La Lupe, Celia Cruz, y otras féminas que exponían con profundo sentimiento su contenido romántico.

En algunos sectores de Cabimas, había botiquines o bares que se caracterizaban por tener buenos repertorios musicales en sus rock kolas. Las personas que vivían por los alrededores, sabían identificar de una vez, cuando un bebedor se encontraba despechado por el contenido de las canciones, o se trataba de un pretendiente enamorado que le estaba enviando a través de las canciones una declaración de amor a una chica de por allí. Yo diría, que el ultimo expositor romántico del final de aquella época fue sin duda Chucho Avellané.

En los actuales momentos los sufridos enamorados no consigue suficiente repertorio para afincar su despecho. En cambio, en aquellos años de significativo romanticismo, bailar pegado un bolero era una tremenda nota, ya que el enamorado, sabía por el resuello y el palpitar del corazón de la chica, que también estaba enamorada.

 Todo eso quedo en el pasado, como una huella de aquellos años. Géneros musicales como el reguetón, le impiden a esta generación de ahora la emoción y todas aquellas vibraciones que sentía un hombre, cuando entonces tenían en sus brazos a su amada y bailaba con ella una pieza que les movía el piso a los dos.

Relatos históricos de Cabimas.
LOS DESPECHADOS
Nestor Luis Pérez Borjas


CARMENCITA LA COJA (LA PUYONA)



Al realizar una retrospectiva de los acontecimientos más importantes que ocurrieron en la Cabimas de los años 50 y 60, no hay que dejar pasar por alto la historia de un personaje, cuyas vivencias marcó sin duda un hito en la Cabimas de aquella época.

La puyona era una mujer de mediana estatura, de unos 35 años, de tez morena y aspecto afrodescendiente que recorría las calles del centro de la ciudad y sus alrededores, ofreciendo sus servicios íntimos a quienes así se lo solicitaban. 

Su nombre de pila pocas personas lo conocían, aunque muchos la llamaban Carmen, de quien decían era de punta gorda, que según mantenía una prole de hijos, sin que estos fuera confirmado. Lo cierto era que este famoso personaje, a quien la agrupación gaitera el gran coquivacoa le dedicara una gaita con el nombre de Carmencita la coja, tenía como principales clientes a los jóvenes mayores, que poco acceso tenia a los burdeles de entonces y por lo barato de la tarifa. 

Esta mujer, que no era ni gorda ni delgada fue objeto de muchos asaltos y abusos por quienes se aprovechaban de su soledad, ya que ella siempre andaba deambulado por los lugares de edificaciones abandonadas y llenas de montes, procurando al amparo de la oscuridad ejecutar sus actos lascivos.

Casi siempre se sabía que andaba cerca, ya que algunas veces los jóvenes se amontonaban en torno a ella y muchas veces le hacían cola para esperar su turno. En esos años se volvió un chiste decir a cualquiera “Ajaaaa, te vieron detrás de la puyona.

Al escribir estas notas, siento profunda tristeza al comprender la suerte nada envidiable de este personaje, el cual por razones que nadie debe juzgar realizó para mantener a su familia. 

Muchos decían que era un castigo, otros que por su escasa preparación. Lo cierto es que, en aquel entonces, abrirse paso por cuenta propia no era nada fácil, sobre todo porque los servicios domésticos era algo poco visto, debido a que en la ciudad eran muy pocas familia adineradas y conseguir trabajo no era fácil. 

En todo caso, siempre había algo que se podía hacer, pero todas las personas no poseen la iniciativa para emprender por cuenta propia alguna faena, donde sin duda estaba de por medio poseer una habilidad. No digo que tuviera razón justificada, pero no todas las personas ven la vida con una óptica de sabiduría.

Años después se supo que había sido hospitalizada para extraerle un tumor maligno en el útero, lo cual posteriormente le causó la muerte después. Pobre.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.
Nestor Luis Pérez Borjas

jueves, 29 de octubre de 2015

CORTE BARATO SEÑORA, LLEGÓ EL TURQUITO VENDEDORES AMBULANTES.

En la temporada de los años 50, 60 y 70, fue una época donde las principales calles y barriadas de Cabimas eran recorridas por vendedores ambulantes que se dedicaban al comercio informal y artesanal. Muchos de ellos iban de casa en casa gritando a viva vos para vender su mercancía. 

Había un llamado muy característico que hacia que las mujeres dejaran sus oficios para atender a un vendedor que decía “corte barato señora” Se trataba de inmigrantes de origen sirio y libanés que habían llegado a este país, atraídos por la excelente economía de nuestro país, que llegó incluso a tener la moneda mas fuerte del mundo y la leyenda del dorado, una supuesta ciudad de oro, cuya fama tuvo origen en la ciudad de coro. Las mujeres llamaban cariñosamente a esos vendedores turquito, quienes dejaban su mercancía a crédito. 

Recuerdo que había un señor de origen extranjero, que gritaba “sueldo olletas” pero que en su lengua y acento se le escuchaba decir “solduyet”. Ese señor reparaba ollas perforadas, colocándoles un remiendo de metal que luego fijaba con un rudimentario calentador que trabajaba con carburo.

Un hombre de color bastante alto, proveniente de la ciudad de Coro, caminaba por las calles, sosteniendo en cada mano un recipiente grande con viseras de res gritando “la chinchurria y el mondongo”. También vendía morcilla, un embutido artesanal elaborado con sangre de res y especias y que entonces tenía mucha demanda. (A este lo llamaban "El mondonguero")

Los llamados perfumeros se presentaban con un maletín para ofrecer mentol Davis y cualquier cantidad de ungüentos y el muy famoso linimento para las torceduras y dolores musculares. Un señor de contextura gorda, a quien llamaban chinco, recorría las calles vendiendo escobas y rastrillos elaborados con palma de coco y unas espigas de un corocillo resistente.

Varios fotógrafos ofrecían la fotíco para el mini visor tipo llavero, que se podía ver apuntándolo a la claridad.

 La venta de perro caliente hizo su debut en los años 60 en unos carritos fabricados para ese propósito.

Los pregoneros voceaban el periódico y no faltaba quienes vendieran arepa pelada, empanadas, pastelitos, bollitos pelones, huevo cocido y otras delicias.

Varios italianos también vendían su producto. Desde guarapo de limón con panela, turrón de ajonjolí, cepillado de esencias y frutas, cotufas, y reparación de calzados a domicilio.

La gran mayoría de estos comerciantes comenzaron desde abajo y lograron hacer fortuna con arduo trabajo. Los agüeros vendían agua potable en latas y morroco la tradicional leche recién ordeñada a primera hora en la mañana. 

Otros vendían billetes de lotería, entre la que se contaba con los famosos animalitos, un sorteo que se basaba en figuras de animales. También recorría la ciudad los chicheros, los que vendían horchata, café, fororo, avena y cualquier bebida refrescante.

 En esos años fue ampliamente conocido un señor de baja estatura que diariamente recorría más de un kilómetro para vender toda clase de bebidas calientes y que la gente cariñosamente llamaba el Bolon. Este abnegado señor levantó a su familia con tan arduo trabajo. Varios vendedores de frutas y hortalizas recorrían las calles para ofrecer su mercancía, otros vendían utensilios de cocina y algunos plásticos.

Habian vendedores que se colocaban un azafate que colgaba de su cuello y podía llevar una gran variedad de mercancía como si fuera un mini bazar. De esa actividad se dio a conocer al señor Jesús Aténcio, padre del Luis Aténcio, quien montara después la tienda conocida como El Cañadero.

No hay que olvidar a los vendedores de las afueras de los cines, entre ellos a la conocida Anita la manicera. Otros tenían un carrito con cigarrillos, golosinas y toda clase de dulces caseros. La actividad por la comida artesanal dio origen después a la calle del hambre.

Tradicionalmente estos pueblos han tenido una profunda vocación por el libre mercado, una manifestación que seguimos viendo en las ferias y en la celebración de la fiesta de San Benito entre otras.
Foto de Nestor Luis Perez Borjas.

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.

Nestor Luis Perez Borjas

miércoles, 21 de octubre de 2015

Los juegoa de antes

MEMORIAS DEL PASADO
Relatos históricos de Cabimas.

 Los años 50, 60 fueron testigos de una cantidad de juegos callejeros que eran costumbre en la ciudad y sus distintas barriadas.

El Gurrufìo
En esa época la creatividad y el sano esparcimiento era la novedad de entonces, pues en esos años los jóvenes se agrupaban para jugar cual quier cantidad de juegos que formaban parte de la tradición. Eran días felices de sana competencia, donde ganar no pasaba de la satisfacción de festejar el triunfo entre aplausos y carcajadas en una época donde los jóvenes no tenían ni siquiera un televisor. Fueron días inolvidables, donde los chiquillos y los más grandecitos se entretenían de manera sana, buscando siempre tener la mente activa.

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El escondido
 Había muchas formas de pasar el tiempo en una actividad que implicaba actividad física y sano deporte. Era entretenido jugar al salto alto y largo también, levantar pesas o practicar el boxeo. Otras veces hacíamos unos pequeños huecos en la orilla de la acera y ganar consistía en atinar en los huecos con unas pelotas que elaborábamos de papel con una piedra de relleno.

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Monopolio
Recuerdo un juego llamado relevo, una competencia entre cuatro joven, que consistía en correr en sentido contrario y darle la vuelta a la manzana y entregar un distintivo que justificaba cual grupo llegaba primero. También había juegos para los más pequeños como jugar a los vaqueros y a las escondidas, el cual consistía en encontrar al grupo que se escabullía en buscar del mejor escondite. Siempre había uno que perdía y a este le tocaba la tarea de buscar a los demás en otra tanda.

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Ludo
Había otro juego que consistía en hacer unos cuadros pintados en el pavimento y lograr saltarlos en un pie era el reto, el que los bajara perdía.
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Hula Hula
También solíamos jugar a la pareita, que consistía en dejar caer unos billetes que hacíamos con cajitas vacías de cigarrillos, la cual doblábamos cuidadosamente. Aquellos llamados billetes tenían rango de valor, de acuerdo con la marca del cigarrillo. El billete lo poníamos en una pared y al soltarlo desde un metro hacia abajo, ganaba el que lograra caer sobre otro.
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Trompo
Jugar al trompo, a las metras, el emboque, o elevar un volantín en temporada de viento era muy divertido.

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Emboque o Perinola

Las niñas por su parte también tenían sus propios juegos, aun recuerdo algunas que se entretenían cantando un juego llamado arroz con leche. También solían jugar al hula hula, un novedoso aro de plástico que servia para que las jóvenes y niñas se lo colocaran en la cintura y después de un rítmico y continuo movimiento de cadera lo hicieran girar de forma circular sin dejarlo caer.

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Volantìn - Papalote o Papagayo

También brincaban la cuerda de varias formas. Con las jóvenes compartíamos el ludo, el monopolio y las damas. Otro juego para mayorcitos más decididos se llamaba la prenda y el premio era por lo general un beso, con lo cual se podía iniciar una relación amorosa.

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Metras

Quizás eran juegos ingenuos en comparación con lo que suelen hacer los jóvenes de hoy, pero estaban llenos de amor y armonía. En esos días éramos felices jugando libertad, fusilado, palito en boca, lo recojo, mano en el bolsillo, metra, yo-yo, cuarenta mata.

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Yo-yo
En fin, un sin número de juegos saludables que mantenían nuestro organismo y mentes ocupadas en sana diversión, con una ejecutoria condicionada al grupo, es decir, eran compartiendo entre todos. Los juegos computarizados de hoy día son individuales y fomentan el sedentarismo, además atentan contra el dialogo y la interacción. La inseguridad de ahora seria en todo caso un impedimento, que solo va a lograr que el hombre del futuro se deshumanice progresivamente.

Nestor Luis Perez Borjas.