
Para el año 1950 toda la Zona Petrolera era un gran escenario deportivo donde se llevaban a efecto competencias de diferentes modalidades, competencias de atletismo, de baseball, de softball, ciclismo, volley ball, basketball, etc.

Cuando la gente comenzó a mudarse a las Delicias Nuevas en 1948 las Delicias Viejas ya existían desde los años 30's, por lo que la parte nueva comenzó a conocerse como Delicias Nuevas. La red de Callejones entre la Av Principal, la calle Chile, la carretera H y la entonces carretera Nacional (hoy Av Intercomunal) siguen el curso de las líneas de flujo de un pozo central, y tomaron nombres heterogéneos como El Pirata, Los Pavos, San Antonio, Monzón, Taratara, Caroní, entre otras. Las calles que lo separan de Barrio Obrero tomaron nombres de estados de Venezuela o países del mundo.

Para el año 1950 toda la Zona Petrolera era un gran escenario deportivo donde se llevaban a efecto competencias de diferentes modalidades, competencias de atletismo, de baseball, de softball, ciclismo, volley ball, basketball, etc.

El 30 de octubre de 2007, a la edad de 87 años, se marchó a otra dimensión existencial el Dr. Darío Suárez Ocando, valioso profesional de la Medicina venezolana y puntal de la actividad socio-económica y del desarrollo general de la zona petrolera en la Costa Oriental del Lago de Maracaibo y, para nosotros, los gineco-obstetras, Maestro Latinoamericano, Maestro Venezolano, entrañable amigo, compañero de siempre e irremplazable motor de la Sociedad médico-científica que nos agrupa. Trabajador que pretendía desconocer la fatiga y la edad, luchó hasta lo indecible, hasta el último aliento, por permanecer activo y con dignidad entre los suyos, tratando de vencer la inexorable marcha del tiempo y sus consecuencias.
Le recordaremos en su faceta de hombre dinámico, de la cual dejó muestras importantes en la SOGV, donde ocupó diversos cargos directivos, regionales y nacionales, hasta llegar a la Presidencia, que ejerció con dedicación y probidad durante el bienio 1994-1996. A los 75 años, siendo Presidente nacional con deberes en las sesiones antemeridiana de la Junta Directiva, con sede en la "Maternidad Concepción Palacios", solía retornar a Maracaibo en el primer avión que le fuera posible abordar, para asistir en la tarde del mismo día a la consulta y a las tareas administrativas que le aguardaban en el "Centro Médico de Cabimas".
Como todo estudiante del Maracaibo de su época, por un capricho de Cipriano Castro debió cursar estudios universitarios en otra ciudad, y obtuvo el grado de Doctor de Ciencias Médicas en Caracas. Allí tuvo buenas posibilidades de quedarse para emprender la vida profesional, pero decidió irse a la provincia, practicó la Medicina rural en Valle de la Pascua y Mene de Mauroa y, al presentársele otras escogencias no tomó el camino aparentemente más fácil y expedito, no volvió a Caracas ni a su ciudad natal —había nacido en Maracaibo, en la parroquia luciteña, en el pintoresco barrio "Empedrao" de los gaiteros—; le atrajo Cabimas y allí se enraizó. Cabimas, ese gran hogar universal, faro de esperanza de innumerables emigrantes, una madre de brazos abiertos cuya gran mayoría de pobladores han sido adoptivos, no nacidos en ellas, le reconoce y le tendrá siempre entre sus hijos más emprendedores, entre los más empecinados en su progreso. Pocos la han defendido con un sentimiento filial tan profundo, tan fuerte y sincero; pocos, por el interés colectivo, han protestado tanto contra el centralismo caraqueño y hasta el maracaibero. No hubo actividad pro-comunitaria en la cual los cabimeros no sintieran la presencia del Dr. Suárez —así le llamaban—, quien: a pesar de su comprometedora dedicación la profesión médica supo restarle tiempo al reposo para incursionar en la política, desde el partido "Acción Democrática" y el "Movimiento Electoral del Pueblo" —llegó a ser Presidente del Concejo Municipal, Diputado y Senador suplente de la República—, participar en la banca y en sociedades financieras locales y hasta promover el deporte. Siendo Presidente del Concejo Municipal del Distrito Bolívar, hizo formal donación de los terrenos para la construcción del actual "Hipódromo Nacional de Santa Rita". El Dr. Suárez, el cabimero de adopción, hasta llegaba a molestarse con mucha frecuencia cuando los maracaiberos empleaban algunas frases del coloquio regional en las cuales se hace referencia a una Cabimas necesitada y mendicante, y con los mismos nativos de la Costa Oriental, cuando cantaban una conocida gaita en la cual se habla de una ciudad desesperada y famélica.
Pero su obra máxima para la ciudad que lo acogió fue el trabajo médico, su atención al paciente en el "Hospital General Adolfo D’Empaire" y en el "Centro Médico de Cabimas". Haciendo caso omiso de la idea de que los pueblos mineros y petroleros no suelen ser estables y longevos, sino que son más bien transitorias tierras de promisión, territorios de aves de paso que ante las mudanzas del clima no tardan en levantar vuelo, siempre abogó por grandes obras para la ciudad que, según él, todavía ofrenda a Venezuela su "reventón" de bonanza y oportunidades: el "chorro" de 1922, y pensaba que entre tales obras deberían contarse hospitales de elevada calidad técnica y asistencial. Junto a su entrañable amigo, el cirujano Dr. Otto Montero, dedicó lo mejor de sus esfuerzos a hacer del "Centro Médico" un hospital privado digno de una gran ciudad, lo que llegó a convertir en una realidad sin restar cumplimiento a sus deberes en el "Hospital General Adolfo D’Empaire", en el cual fue pilar de desarrollo del Servicio de Obstetricia y Ginecología, ejerció la docencia universitaria y promovió la adecuación y el reconocimiento de la residencia de posgrado de la especialidad. Entre sus áreas de especial interés y estudio figuraron: la cesárea, la prevención de la mortalidad materna y la asistencia del parto con la aplicación de las espátulas de Thierry, con las cuales llegó a adquirir especial destreza y a formar algunos alumnos que hoy siguen esa práctica.
Le sobrevive su esposa, la Sra. Marcilia Reyes de Suárez, con la cual tuvo diez hijos: Marcilia, María, Darío, Marisela, Morelia, Juan, José Francisco, Jairo, Melania y Javier. A ellos expresamos nuestro sentimiento de solidaridad, el de todos los miembros de la SOGV. Quien fuera su esposo y su padre, estará siempre presente en nuestros recuerdos.
Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Venezuela
El primer banco de sangre que se inauguro en el estado Zulia fue el de Maracaibo, y esto se realizo el 10 de Diciembre de 1949. Esta obra se culmino gracias al esfuerzo tesonero de varios doctores miembros del Club de Leones de Maracaibo que lograron demostrar los beneficios que obtendría la población de contar la ciudad con un banco de sangre.
Pero no fue si no hasta el 10 de abril de 1950 que abrió definitivamente sus puertas al publico en general. Era en sus inicios una pequeña unidad para cubrir las necesidades de la Maracaibo de esa época.
Esta iniciativa contó con el apoyo del Gobierno Regional del Estado Zulia, del Estado Falcón y del Estado Trujillo, estados fronterizos al Zulia que también iban a estar beneficiados con esta institución.
Para el año 1953 se funda el del Hospital Coromoto en Maracaibo y el 10 de Abril de 1955 se funda el de Cabimas recibiendo el nombre de sub-centro.
Después de poner en funcionamiento la de Maracaibo se pensó en el Distrito Bolívar por tener un número considerable de habitantes y se determino que el sitio más idóneo para continuar con esta iniciativa era Cabimas, por que desde aquí se podía prestar atención a todos los habitantes de la costa oriental del lago y de estados vecinos. Y desde ese momento los miembros del mismo Club de Leones seccional Cabimas, se abocaron en campañas permanentes para lograr instalar el sub-centro.
Era una cuestión de necesidad la inauguración del sub-centro por que hasta el año 1955, cuando algún paciente bien sea accidentado, asistencia de maternidad, enfermedad natural, o para practicarle alguna operación planificada para mejorar su salud y si ese paciente requería de una transfusión de sangre, había que trasladarlo hasta Maracaibo, y la manera de llegar a Maracaibo hasta el año 1962, desde la COL o de estados vecinos, era por el “Ferry”. Esto significaba hacer un recorrido por vía terrestre con el paciente hasta Palmarejo y luego embarcar en el ferry y de allí llegar hasta el hospital donde se iba a realizar la transfusión o a practicar la atención al paciente. Es cierto que para ese entonces las ambulancias tenían preferencia de abordar en el ferry pero aun así el tiempo empleado en hacer todo ese recorrido era crítico.
O la otra manera era, ante un accidentado o paciente inmovilizado que requería una transfusión, se enviaba a un emisario hasta Maracaibo en busca del plasma sanguíneo, con el equipo adecuado para el traslado por supuesto, y luego este retornaba al hospital o la maternidad donde estaba el paciente esperando por ese plasma, pero en muchas ocasiones cuando llegaba el emisario ya el paciente que iba a servir de receptor había fallecido. Esto era debido al tiempo empleado en hacer el recorrido en ambos sentidos, Cabimas- Maracaibo y viceversa.
Por todos es sabido que un banco de sangre es aquella organización dedicada a recolectar, almacenar, procesar y/o suministrar sangre humana. Además, se encargan de analizar las muestras recolectadas. Los donantes es el pilar fundamental del funcionamiento de esta institución y los donantes deben ser personas voluntarias por motivos de solidaridad o donantes con parentescos cercanos a pacientes que requieran del plasma sanguíneo.
Los leones del “Cubil” de Cabimas haciendo un balance y conociendo de las experiencias positivas ocurridas en Maracaibo con el Banco de Sangre, se plantean como prioridad aupar la creación del sub-centro Cabimas. Eran conocedores de las dificultades por las cuales tenían que pasar pacientes y familiares cuando tenían un caso que requería de una transfusión de sangre para salvar vidas y tomando en cuenta que el Hospital de Cabimas la población a atender rondaba los 100.000 habitantes puesto que se brindaba atención a pobladores de los distritos Miranda y Baralt y también de los estados Trujillo y Falcón.
Empezaron las movilizaciones y la presentación del proyecto a los entes gubernamentales y a las empresas privadas para la respectiva colaboración cuando entrara en funcionamiento el sub- centro. El primer motivado fue el Diario Panorama que mantuvo una publicación de una mancheta diaria durante mucho tiempo que decía: “El Club de Leones de Cabimas esta empeñado en la instalación de un Banco de Sangre: colabora”
En el primer trimestre del año 1955 por un convenio que hizo el Concejo Municipal del Distrito Bolívar siendo presidente el sr. Rogerio Cepeda (1952-1958) y una empresa de publicidad de Caracas se comenzaron a instalar unas pequeñas estructuras metálicas que tenían como 5 metros de alto en la vía principal de todas poblaciones que existían desde Palmarejo hasta Bachaquero.
Fueron en total 30 estructuras de este tipo las instaladas proporcionalmente en estas poblaciones en la carretera Nacional, en Ambrosio y en la avenida principal de Cabimas.
La estructura poseía en su parte superior dentro de un par de circunferencias metálicas un reloj que funcionaba con electricidad, luego un poco más abajo una pequeña plataforma que servia de soporte a las luces del alumbrado y a la publicidad de la mencionada empresa que era colocada allí periódicamente.
El fin primordial de estas estructuras era que sirviera de valla de publicidad a los productos publicitados allí y que además, por la colocación del reloj, tuviera un fin utilitario permitiéndole a los transeúntes poder ver la hora en cualquier momento del día, pero…ver la hora era ver la publicidad.
Funcionaron bien durante un buen tiempo como todas las cosas nuevas, pero luego algún tiempo después, a los relojes se le dañaron los mecanismos internos de funcionamiento y dejaron de funcionar. Por supuesto que las condiciones naturales como la lluvia y el inclemente sol hicieron su mejor esfuerzo para ayudar a producir más daños.
Se fueron quedando fuera de servicio uno a uno los relojes, dejo de aplicárseles el mantenimiento necesario y luego fueron quedando en el olvido y sin cumplir ninguna función ni practica, ni ornamental. Poco a poco, uno a uno los fueron quitando de la vía en la medida que se construían nuevas aceras y asfaltando la arteria vial.
Nelson Marcano Urribarri
Iba para Ciudad Ojeda desde Cabimas, y vi un hotel con este nombre. Pense que seria alguna ocurrencia de un cabimero, pero hice una pequeña investigación.
En 1926 comienza la explotación petrolera en Lagunillas, lo que atrajo a personas de diferentes partes del país. Cosa que ya había sucedido en Cabimas.
En esos momentos existían los campos petroleros de los gringos, con todas sus comodidades. Los inmigrantes venezolanos tenían que recurrir a refugios que les albergaran cuando regresaban de las jornadas de trabajo.
Existió en Lagunillas un refugio que albergaba a 300 hombres en una enramada grande y allí colgaban sus chinchorros. Ese refugio se llamó "La Cueva del Humo", imagino 300 hombres fumando.
Mas adelante el refugio desapareció y se creo allí Campo Rojo.
En Cabimas, estos refugios se encontraban en El Cardonal y La Montañita.
No es propiamente de Cabimas, pero me aclaró una duda.
Rafael Rangel
La Creole Petroleum Corporation La Salina, tenía en su área industrial una sirena, que durante varias décadas fue referencia tanto para los trabajadores como para los pobladores que se encontraban en los alrededores de la empresa petrolera. El silbido lo producía una caldera a vapor, el sonido se escuchaba religiosamente todos los días a las 7:00 y 11:30 de la mañana, a las 12:00 del mediodía; a la 1:00, a las 3:00 y 4:00 de la tarde.

Por allá por 1960 se instalaron en Cabimas, en las calles más concurridas una serie de aparatos mecánicos llamados “parquímetros” con la finalidad de recolectar dinero de los usuarios a cambio de permitirle estacionar por un tiempo determinado en un lugar específico de la vía pública.
Fue un artificio que utilizo El Concejo Municipal del Distrito Bolívar Presidido en ese momento por el Br. German Ríos Linares (1959-1965), como una herramienta para hacer valer unas nuevas normas de estacionamiento en las vías que tenían mas locales comerciales y a la vez obtener dinero por ello. Era una forma de impedir que los sitios permitidos para estacionar, que era la orilla de la carretera y que era la vía comercial por excelencia, fuesen ocupados por los trabajadores y dueños de locales comerciales que tenían por costumbre estacionar su vehiculo todo el día quitándole la opción a clientes potenciales y a otros usuarios.
De esta manera se pretendía lograr un equilibrio y permitir que mas usuarios utilizaran el mismo espacio. Existiría de esa forma una rotación de vehículos con respecto a ese espacio.
La idea era que “rentabas” el espacio por un tiempo determinado, el tiempo que estimabas tardar en lo que ibas a realizar, introducías una moneda del sistema de monedas en uso para la época, le dabas a la perilla hacia la derecha para accionar el sistema de relojería mecánico y allí empezaba el descuento del tiempo que estaba predeterminado por el Concejo Municipal. Cuando retornabas al vehiculo, si estabas dentro del tiempo permitido te retirabas sin ningún inconveniente, pero si habías tardado mas que el tiempo “reservado” por el parquímetro tenias que introducir otra moneda para compensar el tiempo que no fue “medido” y que de alguna manera le estabas debiendo al municipio.
Al poco tiempo de finalizada la instalación de los parquímetros empezaron también las dificultades con los aparatos. El vandalismo por un lado, dañándolos, introduciéndole monedas falsas, rompiéndoles el visor que era plástico, etc. Y por el otro lado la viveza criolla que no vio con buenos ojos esta instalación y muchas veces se estacionaba pero no introducían ninguna moneda en el parquímetro.
Por otro lado, como estos aparatos eran importados de los Estados Unidos, no se contaba en la ciudad con personal ni repuestos para las respectivas reparaciones que se presentaban día a día.
Lo costos de instalación fueron altos pues se debía contar con personal para “sembrar” un poste en la acera como de 1,20 mts. de alto y en su parte superior colocar el parquímetro propiamente. Y también tener personal de recolección y de vigilancia para hacer cumplir las normas.
Para mediados del año 1960 ya la municipalidad se había olvidado de los parquímetros por que el uso práctico resulto muy frustrante y no se lograron los resaltados esperados en la planificación de la instalación.
Ya para Enero de 1961 toda esta cantidad de equipos estaban fuera de servicio pues con el tiempo uno a uno fueron quedando inservibles y lo primero que desapareció fueron los parquímetros, quedando solamente los tubos enterrados que luego se convirtieron en un obstáculo para la libre circulación de las personas por las aceras pues los vándalos los doblaron, obstaculizando así el libre transito y de verdad que era una verdadera odisea caminar por las aceras sin llevarse por delante uno de estos tubos.
Nelson Marcano Urribarri
Germán Ríos Linares ejerció el cargo de maestro de aula en 1940 y de director en 1943, en la Escuela Privada Miraflores, de la empresa petrolera norteamericana Venezuela Gulfl Oíl, conocida después como la Mene Grande Oíl Company , ubicada donde hoy funciona el Politécnico Santiago Mariño, en la Urbanización Miraflores. Su espíritu de lucha también fue en el campo de la educación.Monseñor Constantino Maradei Donato